La cámara nunca salió de la mochila.
Aprendí fotografía en Barcelona, durante mis estudios de diseño. Durante cinco años hice de todo menos vivir de ella. Hoy es al revés, y así es como tenía que empezar.
Una escuela que no llevaba su nombre.
Primero estuvo Barcelona. Cinco años de estudios de diseño que sobre todo me enseñaron a mirar, a recortar el mundo en líneas y silencios. Ahí, casi por accidente, la fotografía se volvió un hábito. No un proyecto, un hábito. La cámara en la mochila cada mañana, la luz anotada como se anota una receta, el encuadre formándose solo antes de buscarlo.
Cinco años en cocina, y todo lo que enseñan.
Después de los estudios cambié todo. Entré en cocina, temporada de invierno y luego de verano, durante cinco años. Cortar, emplatar, anticipar, rehacer, cerrar servicio. La cocina te enseña a ver un objeto desde tres ángulos antes de soltar el tenedor. Te enseña precisión y la ingratitud del gesto. Te enseña que el resultado dura treinta segundos, y que aun así hay que ponerlo todo. Todo eso se quedó en mi forma de encuadrar.
El estudio en pocas pinceladas.
El estudio es serio, con ganas de hacerlo bien, puntual y atento al imprevisto. Apasionadamente amable, creativo. No te deja en visto. Siempre encuentra la broma cuando te sientes bajo. Y si te mudas, aparece a las 7:30 con cruasanes y café. A veces habla un poco rápido, porque en su cabeza hay un motor de F1. Es muy fiel, pocos amigos pero duraderos. Siempre tiene diez proyectos en mente, y siempre intenta acabar lo que empieza.
Cuatro semanas, no seis meses.
Entrego en cuatro semanas, nunca más. No porque sea fácil, porque es respetuoso. Tus fotos no tienen por qué esperar al otoño si la boda fue en primavera. Durante esas cuatro semanas sabes exactamente dónde está el proyecto, recibes la galería privada y te quedas con los archivos en alta para siempre.
Y ahora, las maletas.
En los próximos meses me voy a Argentina tres meses, luego a Nueva Zelanda durante un año. La fotografía viaja conmigo. La clientela también, ahora claramente internacional. Si lees esto pensando en un proyecto al otro lado del mundo, es justo el momento de hablar.